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Last Updated: 05/08/2009
Rogelio Fernández Güell: Un Quijote costarricense, homenaje a los 91 años de su asesinato
Ronald Castro Fernández

El pasado 15 de marzo se cumplieron 91 años del asesinato del Ingenioso Costarricense Don Rogelio Fernández Güell en Buenos Aires de Osa, a manos de una tropa de sicarios oficiales de cuyo nombre no quiero acordarme.

Rogelio Fernández Güell fue uno de los más preclaros exponentes de los dotes de inteligencia, rebeldía, idealismo y acción que han distinguido al linaje iniciado en 1699 por Don Juan Fernández del Val y Martínez y Doña Cayetana de Acosta Arévalo y Aguilar. Desde muy joven su independencia de carácter lo llevó a ser autodidacta, a los 17 años se dedicó al periodismo, especialmente a la redacción de incisivos artículos políticos, que lo llevaron a enfrentarse con los más conspicuos miembros del Olimpo y la clase intelectual costarricense.

Cansado de enfrentarse siempre en minoría a los intereses políticos criollos viajó a España, allá intercambió pareceres con varias personalidades de las letras como Rubén Darío, José Santos Chocano y Jacinto Benavente, entre otros. En Barcelona conoció a Doña Rosa Serratacó Soley con quien se casó el 15 de setiembre de 1906, y poco tiempo después partieron hacia México. La pareja Fernández Serratacó procreó tres hijos; Juan Rogelio, Federico y Luis.

Su paso por la República Mexicana fue brillante. Rogelio Fernández Güell era masón, gracias a esta filiación tuvo la oportunidad de entrevistarse personalmente con Francisco I. Madero, iniciando una sólida y sincera amistad que le permitió escribir de primera mano una detallada crónica de la Revolución Mexicana, prácticamente desconocida en esa nación. Fernández Güell fue el primer extranjero y posiblemente el único que ha sido nombrado Director de la Biblioteca Nacional de México, cargo que desempeñó entre el 27 de octubre de 1912 y el 28 de febrero de 1913, fecha en que renunció debido al asesinato del Presidente Madero. Retornó precipitadamente a Costa Rica dejando atrás sus preciados libros y escritos.

Una vez instalado en San José colaboró con el gobierno del Lic. Alfredo González Flores en cuestiones locales y diplomáticas. Además, junto con Federico Tinoco y otros, fundaron el periódico El Imparcial. Al finalizar una misión en el exterior, en forma imprevista, se trasladó con su familia a España. A su regreso encontró la situación política costarricense transformada. El Presidente González Flores fue derrocado por un amigo en común, Federico Tinoco Granados quien ostentaba el poder y había incluido el nombre de Rogelio Fernández Güell entre los candidatos a diputado a la Constituyente que se estaba organizando.

En la Asamblea Nacional Constituyente de 1917 Rogelio Fernández Güell se opuso férreamente a la reimplantación de la pena de muerte, objetivo que logró gracias a la elocuencia de sus discursos y claridad de sus ideas. Asimismo, defendió la tesis de mantener a Costa Rica neutral en el conflicto europeo, pero debido al contexto histórico de ese entonces fue calificado de “germanófilo” por proponer tal iniciativa.

Al poco tiempo entiende que sus ideas no encuentran eco entre los constituyentes y el periódico que ayudó a fundar, desde el cual expresa su posición ya contraria al régimen (El Imparcial) es cerrado por el gobierno, hecho que marca el punto de quiebre de su relación con los Tinoco.

Rogelio Fernández Güell inició una campaña tendiente a derrocar los hermanos en el poder, pasó de la prédica a la práctica generando que se le persiguiera por las autoridades. Dejó de asistir a las sesiones de la Asamblea Constituyente y se refugió en diferentes lugares de San José para evitar ser capturado por los militares. Estableció líneas de comunicación con amigos opositores antitinoquistas y organizó un alzamiento que daría inicio el 22 de febrero de 1918. Sin embargo, fueron pocos los alzados y los mayores intentos, en Turrialba y San Ramón terminaron sofocados por los efectivos oficialistas.

A partir de ese momento el régimen inició una cacería humana. Rogelio Fernández Güell, junto a 15 hombres empezaron una quijotesca empresa: derribar la tiranía. Tomaron en San Antonio de Belén el tren hacia Puntarenas; después de un par de acciones bélicas exitosas capturaron tres locomotoras, pero al pasar cerca de la Hacienda Coyolar la primera máquina descarrilló alcanzándolos las tropas gobiernistas contra quienes combatieron y a duras penas lograron escapar. Después de muchos días de largas caminatas y buscar apoyo en vano, el grupo que acompañaba a Fernández Güell se redujo a seis hombres y un baquiano que buscaban afanosamente la frontera con Panamá para desde allá reorganizar la lucha contra la dictadura.

En la mañana del 15 de marzo de 1918, en las cercanías de Buenos Aires de Osa son emboscados por los esbirros enviados por el gobierno. Rogelio es herido en una pierna y ultimado con varios “tiros de gracia”, un mechón de su cabello es cortado y llevado a San José como trofeo. Sus compañeros de lucha, Joaquín Porras, Jeremías Garbanzo, Ricardo Rivera y Carlos Sancho son también asesinados. Únicamente Salvador Jiménez, con graves heridas y el guía Aureliano Gutiérrez salvaron su vida de ese mortal encuentro.

Rogelio Fernández Güell, con 34 años de vida, develó con el honor de los héroes de sus gustadas historias de caballería el insondable misterio que siempre lo cautivó: la muerte. Reivindicó con su vida el amor a la patria, la libertad y sus firmes ideas republicanas. La vida y gesta de Rogelio Fernández Güell fue forjada en solitario y en minoría, resaltando la seguridad en sí mismo y en sus propias capacidades y conocimientos. Fue un hombre de su tiempo que no calzaría en nuestra época donde afirmar mecánicamente es sinónimo de éxito en muchas esferas.

Ronald Castro Fernández, Alajuela, 20 de abril, 2009


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