SEARCH SITE:

HOME

NEW ARTICLES

Analysis
Teaching Peace from Tales of the City: Peace Education through the Memoryscapes of Nagasaki Patporn Phoothong
Special Report
Reflections of Refugees in Africa Wyclife Ong'eta Mose
Feature
Freedom of Expression Under Threat in Zambia Mariateresa Garrido
Essay
Women’s Political Representation in Sri Lanka: Leading towards Prosperity or Peril Pujika Rathnayake
Comment
The political Crisis of the 2017 Honduran Election Daniel Bagheri S.
Letters
Notes On A Controversy Amardo Rodriguez

RECENT ARTICLES
Analysis
The Unraveled and Disquieting Human Rights Violation of Afghanistan Priya Pandey
Special Report
Nepal's recovery process since the 2015 earthquake Jini Agrawal
In-depth
Challenges and prospects of AU to implement the Ezulwini Consensus: The case of collective security and the use of force Tunamsifu Shirambere Philippe
Policy
The Right to Food Shant Melkonian
Feature
Land of the Golden Pagodas: Checking in on Myanmar’s Peace Process Monica Paniagua
Interview
Douglas Janoff on LGBTQIA Human Rights Luciana Téllez
Essay
Common Things: Communication, Community, Communal Peacebuilding Lina Patricia Forero Martínez
Comment
Periodismo Ciudadano e Internet Gina Paola Parra
Research Summary
Water Security in the Sixaola River Basin Adrián Martinez Blanco and Diana Ubico Durán
Poetry
Reborn Arunima Chouguley
Letters
An Open Letter to the American People: Political Responsibility in the Nuclear Age Richard Falk, David Krieger, and Robert Laney

ARCHIVES

Comment
Last Updated: 07/18/2009
Honduras: La Carta del Ejército
Ronald Castro Fernández

El hecho de haber dejado con vida y sacado del país a José Manuel Zelaya es una carta que el ejército se está jugando. Las fuerzas armadas han aparentado ser dóciles y obedientes al poder civil constituido de facto, pero a la vez, sabían de antemano que el presidente destituido, vivo, libre y en el extranjero iba a llamar a sus amigos para que lo acuerparan.

Si el actual diálogo terminara sin un arreglo definitivo y aceptado por ambas partes, podría ser motivo para que alguno de los aliados internacionales del depuesto Presidente Zelaya lleve a cabo alguna acción bélica o exprese frases que puedan ser interpretadas por la fuerza militar catracha como amenazas directas a la seguridad nacional y sea el argumento para arrasar con la cúpula política actual y tomar el control absoluto del país.

Veintitrés años atrás, en 1986, la situación centroamericana era crítica. La Guerra Fría se encontraba en ebullición en el área. El esfuerzo pacificador liderado por los Grupos de Contadora y Apoyo no cosechó los frutos esperados. Estados Unidos propuso el Plan Reagan, hecho que exacerbó la férrea posición ideológica de las guerrillas y endureció la confrontación con los ejércitos y gobiernos. Aparentemente, no existía solución inmediata posible.

Ante tan grave y complejo panorama, Costa Rica ofreció la solución más sencilla: un Pacto de Caballeros que le valió el Premio Nobel a su proponente.

Hoy, el mundo observa cómo la mediación pasiva (Buenos Oficios) del Nobel costarricense no ha logrado construir la confianza básica entre los dos actores principales. Mientras el diálogo esté en manos de emisarios sin poder de decisión, la amenaza militar intra y extra regional aumenta cada día, ofreciéndole al ejército hondureño oportunidad para jugar su carta.

Condición sine qua non para neutralizar el juego castrense y encontrar una solución pacífica a la actual coyuntura hondureña es sentar, en la misma mesa de negociación, a José Manuel Zelaya y Roberto Micheletti.

El primer paso para lograr tan ansiado objetivo es invitarlos a conversar, a solas, en un enclave natural de territorio internacional para la paz.

Esta es la mejor carta que en el proceso de mediación se puede jugar.

Ronald Castro Fernández

Alajuela, Julio 2009

Footer